UN GRAN "MOVIMIENTO DE REFORMA"
  ¿Conoces al Verdadero Jesús?
 
 

“Cuando Cristo vio las multitudes que se habían reunido alrededor de él, "tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor". Cristo vio la enfermedad, la tristeza, el dolor y la degradación de las multitudes que se agolpaban a su paso. Le fueron presentadas las necesidades y desgracias de todos los seres humanos. En los encumbrados y los humildes, los más honrados y los más degradados, veía almas que anhelaban las mismas bendiciones que él había venido a traer; almas que necesitaban solamente un conocimiento de su gracia para llegar a ser súbditos de su reino.” (Consejos sobre la salud, p. 13).

“Cuando fue bruscamente despertado por los pescadores aterrorizados, Jesús no temió por sí mismo; su preocupación eran sus discípulos que habían desconfiado de él en ese tiempo de peligro. Los reprochó por sus temores, que manifestaban incredulidad. Si lo hubieran llamado en los primeros momentos de peligro les hubiese evitado toda ansiedad, pero en su esfuerzo por salvarse ellos mismos, se olvidaron que Jesús estaba a bordo. Cuántos, al enfrentar las pruebas de la vida, sus perplejidades y peligros, pelean solos contra la adversidad, olvidándose que hay Uno que puede ayudarlos. Confían en su propia fuerza y habilidad hasta que, confundidos y desanimados, recuerdan a Jesús y le piden que los salve. Y aunque él con tristeza les reprocha su incredulidad y confianza propia, nunca deja de escuchar su clamor y darles la ayuda que necesitan.”

“Sacudido por las ondas de las profundidades, el cansado viajero debiera recordar que Jesús ya enfrentó el peligroso mar; que su voz ordenó a la terrible tormenta calmarse; que los enfurecidos elementos obedecieron su mandato y que sus fieles seguidores estuvieron a salvo. Cuando las olas amenazan con hundir nuestro barco y los relámpagos muestran la furia que puede provocar una destrucción repentina, en nuestro peligro debemos recordar que Jesús está a bordo; que escucha nuestro clamor y que nunca abandona a los que confían en él.”

“Ya sea que estemos en mar o en tierra, caminando o durmiendo, si tenemos al Salvador en nuestros corazones no necesitamos temer, porque el llamado de fe siempre recibirá respuesta. Puede ser que seamos reprochados por no buscarlo al principio de nuestra prueba, pero de todas maneras aceptará nuestra humilde petición, cansados de haber hecho lo posible por salvamos a nosotros mismos. Una fe viviente en nuestro Redentor calmará el mar de la vida y nos salvará de los peligros en la forma que él considere mejor.” (Folleto: Redemption: or the Miracles of Christ, the Mighty One, pp. 85, 86).  

“Cristo pudo haber ocupado la posición más elevada entre los más destacados maestros de la nación judía. Pero eligió en cambio llevar el evangelio a los pobres. Fue de lugar en lugar, para que los que se encontraban en los lugares poblados y en los sitios apartados pudieran comprender las palabras del evangelio de la verdad. Trabajó en la forma como desea que sus obreros trabajen en la actualidad. Junto al mar, sobre la falda de la montaña, en las calles de la ciudad, se oyó su voz que explicaba las escrituras del Antiguo Testamento. Su explicación fue tan distinta de la explicación dada por los escribas y fariseos, que llamó la atención de la gente. Enseñó como alguien que tenía autoridad, y no como los escribas. Proclamó el mensaje evangélico con claridad y poder.”

“Nunca existió un evangelista como Cristo. Era la mayúscula majestad del cielo, pero se humilló para adoptar nuestra naturaleza a fin de encontrar a los hombres en el lugar donde están. Cristo, el Mensajero del pacto, llevó las nuevas de la salvación a todos, rica y pobre, libre y esclavos. ¡Cómo se agolpaba la gente junto a él! Venían de lejos y de cerca en busca de sanamiento, y él los sanaba a todos. Su fama como Gran Sanador se difundió por toda Palestina, desde Jerusalén hasta Siria. Los enfermos acudían a los lugares por donde pensaban que pasaría, a fin de pedir su ayuda, y él los sanaba de sus enfermedades. También acudían los ricos ansiosos de escuchar sus palabras y de recibir un toque de su mano. Así iba de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y sanando a los enfermos --el Rey de gloria ataviado con el humilde ropaje de la humanidad. "Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos."” (2 Corintios 8:9) (Consejos sobre la salud, pp. 314, 315).

 

Dios los Bendiga

Jair Ochoa

 
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